2016 / 22 diciembre

El genio eterno. Entrevista Revista Ecuestre

Entrevista Revista Ecuestre

Entrevista Revista ECUESTRE

El genio eterno

A sus casi 31 años, el mítico “Ennio” disfruta de su retiro en Yeguada El Espinar

Fue uno de los grandes de la competición hípica española en la década de los 90 y parece dispuesto a hacerse eterno. Genio en la doble acepción de la palabra, por su temperamento y por sus cualidades para el Salto de Obstáculos, “Ennio” es un portento de longevidad y disfruta de su merecido retiro en las instalaciones de Yeguada El Espinar.

 

Entrevista Revista Ecuestre Fernando Sarasola

“Ennio” y Fernando Sarasola sólo comparten momentos de ocio desde hace 15 años.

 

“Ennio” llegó a España con 4 años en los albores de la década de los 90 del pasado siglo, adquirido en un lote por la que ha sido su familia a lo largo de casi toda su vida: la familia Sarasola. Fue puesto en competición por Patricio Maldonado, que entonces trabajaba para ellos y compitió inicialmente con Enrique Sarasola, para acabar después en los boxes de su hermano Fernando, con quien compartió sus momentos más brillantes en la competición internacional. Unos momentos de muy alto nivel, jalonados con muchas Copas de Naciones, un campeonato del mundo y dos Juegos Olímpicos. 

 

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Una foto que se hizo universal, con Gigi Sarasola y “Ennio” dándolo todo en Atlanta.

 

 

Este otoño, cuando “Ennio” estaba ya próximo a cumplir los 31 años (nació en 1986), tuvimos la oportunidad de visitarlo en su hábitat cotidiano, en las instalaciones de Yeguada El Espinar y comprobamos que, a pesar de su avanzada edad, mantiene un magnífico aspecto físico y una vitalidad propia de los caballos con clase, de esos caballos distinguidos, con temperamento, que despiertan admiración.

El KWPN “Ennio” fue siempre un caballo singular, por su físico, pequeño (1,60) y compacto, pero también por su carácter. Por sus venas circula mucha sangre. Su padre es “Zeus”, cuya línea paterna es anglo-árabe de pura cepa (“Arlequin X” – “Massondo”), mientras que la materna también tiene mucho de anglo-árabe, procedente de “Matador”. Y si nos vamos a los orígenes de su madre, “Warola”, encontramos su ascendencia paterna PSI en su padre “Apple King XX”. Anglo-árabe y PSI marcan el perfil genético de “Ennio”.

Pero como recuerda Fernando Sarasola, los comienzos de “Ennio” no fueron indicativos de lo que luego iba a ser su trayectoria deportiva. El caballo entró en un lote de los que por entonces adquiría la familia Sarasola en Francia, en Alemania o en Holanda, de caballos de 4 y 5 años, buscando jóvenes prometedores que por su escaso bagaje deportivo, era posible adquirir en precios asequibles. “Nos fue bastante bien, salieron varios caballos buenos para luego correr internacional”, comenta Fernando Sarasola, aunque puntualiza que “Ennio” fue un ejemplo bastante atípico, porque al principio era un caballo complicado, con mucho genio, muy difícil de boca, se quejaba muchísimo. A mí siempre me encantó, pero toda nuestra gente, empezando por Patricio Maldonado, decía que sí, que tenía una técnica espectacular, mucha sangre, mucha calidad, pero dudaban que pudiera llegar a hacer algo importante. Lo estuvo montando Patri, que fue quien lo debutó, después lo montó mi hermano Enrique durante un periodo corto de tiempo y con 7 u 8 años lo tenían como caballo de pruebas de velocidad. Le ponían un hierro americano y todo tipo de cosas para intentar controlar una manía que él tenía de levantar la cabeza y quejarse. Yo lo cogí con 8 años y medio y empecé a saltar con él. Le cambié el hierro, le puse un filete y le dejé hacer lo que quisiera, porque al final no era incómodo a la hora de montar, movía la cabeza y se quejaba, pero no te ganaba la distancia y tampoco perdía el contacto del hierro. Lo que hacía no afectaba para nada a la llegada al salto. Al revés, era más un gesto de ganas de ir para adelante, de ímpetu. De hecho, cuando le dabas acción, le dabas ritmo, le dabas más galope, el caballo dejaba de quejarse. Yo creo que él tenía dentro de su espíritu querer saltar, querer pasar los obstáculos y si tú querías frenar, él se molestaba, porque él tenía muy claro cuál era su función y lo que tenía que hacer, que era saltar y no derribar. Si empezabas a hurgar y a buscar la distancia, se molestaba. Le pusimos el filete, empezamos a trabajar mucho en pista de galope, para adelante, sin hacer mucho trabajo de doma y el caballo nos sorprendió a todos, porque empezó a saltar y cada vez mejor. Empezamos a preguntarnos si sería capaz de correr una prueba grande y lo hizo, nos planteamos correr un Gran Premio y también y lo pasamos a Gran Premio internacional y cada vez iba sorprendiéndonos más”.

 

REvista Ecuestre

En el Campeonato del Mundo de Roma, en el año 1998.

 

Fernando Sarasola echa la vista atrás y recuerda con satisfacción aquella evolución del pequeño alazán holandés, por el que pocos apostaban y que llegó a ser dos veces olímpico. ¿Pero qué vieron en aquel caballo con malos aplomos y boca complicada para comprarlo? “Yo creo que fue el precio”, comenta Fernando, quien añade que “a veces ves algo especial en un caballo joven y a este se le veía el ojo, la forma de saltar, la actitud; entonces, si no tienes que pagar mucho, porque otros defectos restan del precio, dices venga, me arriesgo, no tiene los condicionantes para ser un caballo olímpico, pero algo haremos de él. Se le veían destellos de genialidad. Ese fue el motivo por el que “Ennio” se compró, como tantos otros que se compraron por lo mismo, porque hay muy pocos con 3, 4 o 5 años que cuando los ves dices este es perfecto, va a ser olímpico. Por cierto, cuando compras uno así, que te parece perfecto, es el que luego no llega y no es olímpico; como sabemos cómo es este deporte, en el que hay mucho de ruleta, pues tienes que lanzarte y probar a ver qué ocurre”.

 

Trabajo en equipo

Lo cierto es que con el paso del tiempo y un trabajo específico, “Ennio” fue evolucionando y dando de sí mucho más de lo que sus inicios hacían presagiar. Fernando Sarasola resalta que “Patricio Maldonado hizo un trabajo estupendo, creía mucho en el caballo y junto con Olivier, mi mozo, formamos un equipo muy sólido en torno a “Ennio”. Se hizo un trabajo espectacular; llegábamos a los concursos y corríamos el primer día la prueba pequeña metiéndolo debajo, debajo, preparándolo; corríamos el segundo día la grande y nos retirábamos en el sexto salto, siempre preparándolo para el objetivo, que era el Gran Premio del concurso o la Copa de Naciones. Con él no podías jugar como con cualquier otro caballo, había que prepararlo como si fuera un Fórmula 1 y tenerlo bien tuneado para poder hacer las cosas, porque como no respetases y desarrollases todo ese procedimiento, el caballo no te lo podía dar. Nosotros siempre sacrificamos todas las pruebas con tal de que llegara a las pruebas objetivo perfectamente preparado. Siempre era una por concurso, nunca se le hizo una prueba de más que supusiese para él un esfuerzo extra; haciendo las cosas así, le exigíamos en el momento que nos interesaba y él nos lo daba. Esto no es muy habitual, pero creo que fue la clave para que diera los resultados que dio y sobre todo, para que llegara a donde llegó”.

 

Entrevista Revista Ecuestre Fernando Sarasola

Dando la vuelta de honor en Chapín, tras haber ganado el Invitational del Circuito del Sol en 1999.

 

En este proceso de preparación de “Ennio”, Yiyi Sarasola tiene también muy presente al que era entonces entrenador del equipo nacional, el sabio David Broome, al que califica como un “fan” de “Ennio”. “Le gustaba mucho y flipaba con él, le descuadraba bastante, no podía entender lo que era y hacía aquel caballo tan pequeño. Broome me ayudó mucho con “Ennio” en la forma de llegar al salto. Siempre me insistía en que llegase en el último tranco muy cerca, galopando fuerte y que el propio caballo tuviese que buscar su equilibrio y echarse para atrás. Como tenía una técnica maravillosa delante, esto le venía increíble. Para poder saltar esos obstáculos tan grandes, yo venía galopando desde lejos, llegaba muy cerca, él se doblaba y conseguía llegar sin problema a la barra de atrás. Creo que si no hubiéramos atendido a esta fórmula de David, que es muy inglesa, no habríamos podido llegar a saltar tan grande con él. Porque no era fácil, era difícil conseguir hacer eso que ellos hacen, lo que hace Nick y otros tantos jinetes ingleses, esa llegada tan profunda y con tanta acción; eso a este caballo le vino muy bien. Si solamente te quedas con el galope y el tranco típicos, no te puedes plantear saltar tan grande con la mayoría de los caballos y especialmente con uno pequeño como “Ennio”. Si le metes mucha acción, si va revolucionado, no te produce ningún tipo de problema que sea pequeño, porque llevas dinamita, una bomba de relojería debajo, un motor que es pura energía comprimida. Y luego con ese cuello que tenía llegaba al saltar a donde quería; es un caballo pequeño, pero con cuello de caballo grande, su proporción era la de un cuerpo pequeño, compacto, pero un cuello extremadamente largo. Él conocía esto y lo utilizaba para llegar a las barras de atrás en los oxer y en las triple-barras y lo hacía muy bien”.

Respeto y confianza

Lo cierto es que a pesar de sus particularidades, tanto físicas como temperamentales, “Ennio” entró pronto en los planes del equipo, en el que se mantuvo durante dos ciclos olímpicos. Fernando Sarasola reconoce que “no fue difícil convencer para que contaran con él; cuando hablamos de campeonatos de Europa o del mundo y de Juegos Olímpicos, por desgracia en España solemos tener 2 ó 3 y el cuarto más o menos aparece y como consecuencia, siempre había sitio. No somos ni el equipo americano ni el equipo alemán. En ese sentido tuve la gran suerte de haber podio entrar desde un primer momento en el equipo y acabamos siendo el pilar. Creo que todo el mundo fue siempre muy fan de “Ennio” y cuando se vio cómo saltaba, se le tenía en máxima consideración y se le miraba con mucho respeto y con la confianza de que lo iba a hacer bien”.

 

Ennio y Fernando SArasola

“Ennio” se mantiene vital, tras haber superado la barrera de los 30 años.

 

Al margen de triunfos y clasificaciones en concursos de importante nivel, el gran momento de “Ennio” llegó en los Juegos Olímpicos de Atlanta, en 1996, donde el equipo español consiguió magnífico quinto puesto y el hijo de “Zeus” fue el mejor, optando incluso a las medallas en la gran final individual. “Fue espectacular”, comenta un emocionado Fernando Sarasola, quien resalta que “fueron unos Juegos increíbles por cómo lo hicimos y por las cosas que nos ocurrieron. Nada más llegar nos encontramos con que para el examen veterinario teníamos tres caballos cojos, todos menos el mío. Debo decir que Pepe Simo hizo una labor absolutamente espectacular, porque en 24 horas consiguió que los tres caballos pasaran al día siguiente la segunda revisión, en la que habríamos sido descalificados si no la hubiéramos pasado. Y después de esto te puedes imaginar cómo empezamos, pues partíamos de una situación en la que lo habíamos tenido todo perdido, así que sólo cabía mejorar y conseguir cosas buenas y creo que esa sensación fue importante para que afrontáramos los Juegos con alegría y con la seguridad que te da el haber superado una situación de desahucio y sin embargo disponer de una segunda oportunidad, en la que si nos iba mal no pasaba nada, porque la noche anterior estábamos prácticamente fuera.

Eso se notó, había muy buen ambiente, con Alejandro Jordá maravilloso, Raffy Latham como siempre un señor y Pedro Sánchez Alemán siendo el único que no pudo acceder a la final, en la que estuvimos los otros tres. Hizo lo que pudo. Pero nuestra Copa de Naciones fue un espectáculo, el doble recorrido sin falta de “Ennio” fue el mejor resultado de la prueba junto con el de Ludger Beerbaum. Yo penalicé un cuarto de punto y él medio punto, estaba muy fuerte, muy grande, muy difícil, sobre todo muy técnico y claro, para “Ennio” esto era maravilloso. Eran distancias para galopar, había que galopar mucho, pero los caballos se tenían que echar para atrás en todos y cada uno de los obstáculos.

Y la racha siguió en la primera manga de la final individual, en la que sólo hicimos cero Ulrich Kirschhoff y yo. En la segunda en la segunda derribé dos saltos, no tuve mucho tiempo para ver la pista, ni los recorridos anteriores a mí, aunque participé el penúltimo.

 

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Angloárabe y PSI mandan en el perfil genético de “Ennio”.

 

Cuando salí al segundo recorrido sabía que si hacía cero era medalla de oro o de plata, pero una distancia que era más corta que lo que yo pensaba me provocó un derribo tonto en un doble de muros y luego llegó el segundo en el triple. Era una combinación de vertical, dos trancos para vertical y un tranco para oxer. Pero el vertical del medio tenía un bidé y a “Ennio” nunca le gustó mucho el agua, miraba bastante; estaba muy grande, yo le apreté lo suficiente para que pudiese respetar y se fue muy alto en el vertical y tocó en el oxer, que estaba muy grande, estamos hablando de máximas alturas. Con 8 puntos nos quedamos sin la medalla, pero fuimos undécimos, no está nada mal”.

 

Gracias Revista Ecuestre por publicar esta entrevista! Podéis descargar la entrevista completa Aquí o ir la Revista Online

Fotos: L.Poncela / D.Caremans

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